EDITORIAL

Publicado en por Revista Tiempo Cultural

Por Licda. Ana Mercedes Miranda Morán, Directora de Revista Tiempo Cultural

ANA MERCEDES MIRANDA MORÁNProbablemente porque  ahora los medios de comunicación lo difunden con profusión, la violencia contra la mujer se conoce con mayor amplitud dentro de la sociedad salvadoreña. Se debe de puntualizar que esta práctica negativa no es nueva. La mujer, a través de los siglos ha sufrido marginación, menosprecio y violencia, no sólo de parte de sus cónyuges, sino hasta de sus padres, hermanos y, lo más reprochable, de otras mujeres. No son pocas las féminas de mayor edad quienes hoy lamentan el no haber estudiado porque sus padres no quisieron ponerlas a la escuela o a cursar estudios superiores, con los argumentos de que “la mujer no necesita estudiar; para qué va a estudiar si se va a casar y yo únicamente me quedaré con los gastos; con sólo que aprenda a cocinar, lavar y aplanchar es suficiente para que le sirva al marido”. Y con estas argumentaciones erróneas, se perdieron talentos femeninos que pudieron haber aportado mucho al país. Y todas esas razones que esgrimían los padres de antaño son una forma de violencia contra la mujer, la cual llega al culmen cuando es motivo de ultrajes, palizas y hasta la muerte proveniente de enfurecidos cónyuges. Sin embargo, lo más grave es que nuestra legislación no considera que los golpes dados a una mujer sean un delito grave. Y la razón es que, en este siglo XXI, todavía algunos estiman que la mujer es un ser inferior, que por lo único que puede tener algún valor es porque tiene hijos, es decir en su papel de madre. Claro que este rol es importante, pero la mujer  también vale porque es un ser humano, que desde cualquier trinchera lucha, ya sea por sus hijos o por conquistar nuevas metas, muchísimas veces sola, y se desenvuelve en múltiples roles. Sin embargo, una sociedad llena de machistas, se refiere generalmente a las féminas con el término peyorativo y general de “locas”. Y algo que se nota hoy a través de las redes sociales, es la burla a la mujer de edad longeva, cuando tendríamos que hacerlas dignas de nuestra mayor consideración. ¿Y los esposos?  No son pocos los que quieren hacer sentir a sus compañeras como seres inferiores, que minimizan, ridiculizan sus logros y son incapaces de decirles, aunque sea una palabra amable. Probablemente piensan que perderían algo de su propio valer si le demuestran algún sentimiento.   Y esto también es violencia. Nuestro sueño es que este panorama algún día cambie, y que el sexo femenino, que ha obtenido importantes logros a base de una lucha denodada, sea considerado como un ser humano integral, pleno y digno dentro de la sociedad. Para ello, habrá que prepararla y darle las oportunidades necesarias  para que ejerza el quehacer que seleccionó. Por eso nos alegra la actual campaña que prioriza la educación de las niñas. Es urgente e importante capacitar a la mujer  en lo que respecta a sus derechos y deberes, los que deben de tener amplia difusión, quitarle el miedo a denunciar anomalías, y sobre todo, concientizarla de que ella vale como ser humano, y no dejarse humillar por persona alguna. Hasta el momento se ha dado grandes pasos, pero a las presentes generaciones femeninas y al Estado toca avanzar mucho más para lograr que la mujer sea dignamente considerada.

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