Editorial Aguilarense

Publicado en por Revista Tiempo Cultural

P6102907DÍA DE LA MADRE, DEL PADRE, DEL MAESTRO ¿YA PASÓ?

Algunos de nuestros colaboradores con espacios publicitarios y lectores o lectoras, nos han preguntado la razón de que nuestra edición dedicada a las Madres, Padres y Maestros no haya aparecido “en los propios días”. Cuando ellos dicen “en los propios días”, seguramente se refieren a las fechas impuestas por el gran comercio para comprarles “algo que les reconozca su labor”, y se olvidan de que el rol de estos tres elementos de la sociedad, debe ser reconocido, reforzado y difundido siempre. Máxime en estos tiempos, en los que los valores inculcados sólo se limitan a que desde que se es niño o niña, y ya no digamos en la adolescencia, se piense que únicamente teniendo celular de “última” generación, televisor plasma, vehículo del año y vestir ropa de marca es lo que vale para ser considerado de valía y triunfador. Y cuando no se tiene los medios económicos para adquirir estos elementos, como no los han formado adecuadamente, los jóvenes, criados en un medio violento, con padres y madres que los tratan con dureza, también recurren a la violencia, al robo, para obtener lo que según ellos, les ayudará a vivir “bien”. Estas personas jamás han recibido palabras cariñosas ni buenos ejemplos. Por lo tanto, cómo se les puede exigir que actúen de manera diferente. He ahí, el papel que deberían y deben desempeñar padres y madres responsables, amorosos, quienes tienen hijos, no sólo porque hicieron el acto sexual “desprotegidos”, sino que desearon fervientemente ese nuevo ser, para educarlo convenientemente, con valores, es decir, hacerlo una persona positiva dentro de la comunidad. Asimismo, esa labor la deben continuar los maestros (as), quienes no únicamente tienen que impartir  conocimientos académicos a los educandos, sino que a la vez, deben forjarlos, moldearlos, inculcándoles valores como la solidaridad, el respeto, amor a la lectura, el servicio a los demás, etc. A la vez, todos (as) debemos incentivar e incentivarnos para recibir educación familiar, educación cívica (ésta no es marchar el 15 de septiembre, sino educación ciudadana),  una educación acertada para ser profesionales integrales, solidarios con la comunidad, etc. Sabemos que esto que proponemos es difícil, porque desde que nos conquistaron los españoles jamás hubo preocupación por educar a los pueblos, si acaso únicamente programas traídos de otros países para “salir del paso” y documentar que se trabajaba. Pero ahora, hemos llegado a un punto grave en el que urge que comencemos a cambiar esta sociedad enferma, y una forma de hacerlo es educar a los ciudadanos para que formen verdaderas familias, que haya maestros de vocación, al igual que buenos padres y madres. Sólo indaguemos ¿qué nivel educativo tendrán los delincuentes de cualquier edad? ¿Alguna vez en su vida habrán leído, al menos, un libro de cuentos? Por todo ello, nuestra edición va encaminada a que se reflexione acerca de ir transformando a la actual sociedad en algo mejor, con ciudadanos íntegros, y esto no es cuestión de hacerlo sólo una vez al año. Por el contrario, implica una fuerte tarea constante, perenne.

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