EDITORIAL NEJAPENSE
La violencia es un flagelo que ya alcanza proporciones desmesuradas
no sólo en El Salvador, sino que en América Latina. Pareciera que el brazo de la ley y de la justicia es impotente, en gran medida, para hacerle frente. Sin embargo, en Nejapa podíamos sentirnos orgullosos de la tranquilidad que disfrutábamos, de la seguridad que vivíamos. Y se habla en tiempo pasado, porque en las últimas semanas se ha suscitado acontecimientos muy tristes que han traído gran intranquilidad a la población. Entre estos hechos está el asesinato de jóvenes, en pleno día y con toda impunidad. Y ante tales acontecimientos no podemos quedarnos indiferentes y decir que “como a mí no me han tocado ni participo en cosas no puede pasarme algo malo”. Por el contrario, nuestra actitud debe de ser la de mantenernos vigilantes y atentos con respecto a la observación de situaciones que parezcan “raras”, en cualquier lugar en el que se manifiesten. Debemos de ser solidarios y cuidarnos unos a otros. Por supuesto que las instancias pertinentes, como la Policía Nacional Civil (PNC), por ejemplo, debe de cumplir a cabalidad su papel. También sabemos que hay un Comité de Prevención de la Violencia, en la Alcaldía Municipal, al cual debe de prestársele todo el apoyo posible. Asimismo, el CAM tendrá que laborar en el aspecto disuasivo. Y es que por las dimensiones y el grado de sofisticación que ha alcanzado la violencia, pareciera algo imposible de erradicar, y que debido a ello, en el caso de Nejapa, ya no se disfrutará de transitar nocturnamente por sus calles, ir a paseos de tipo silvestre o simplemente recorrer su área urbana o rural. Ante esta amenaza sólo queda unirnos como ciudadanía, cuidarnos entre nosotros mismos y que las instituciones (PNC, Comités contra Violencia, etc.), desempeñen su papel a cabalidad. No queremos finalizar este editorial sin referirnos al importante rol que deberán de jugar los padres de familia en el aspecto de estar al cuidado integral de sus hijos y de encaminarlos por el buen sendero. Tarea que deberán de completar los maestros. Sólo así, Nejapa volverá a ser aquella ciudad modelo de tranquilidad y de seguridad que ya comenzamos a extrañar, pero que todavía no está del todo perdida. Estamos a tiempo de atajar el mal.